
Para cuando leas esto, tal vez nada de esto tenga sentido. Seré tan viejo que las huellas que dejé en tu memoria habrán dejado de existir. Ya no seré aquel a quien dijiste amar.
No me diste tiempo de demostrarte nada; en un abrir y cerrar de ojos quedé fuera de tu vida... o tal vez jamás estuve dentro, tal vez nunca fui parte de ella. Te extrañé cada día, te extrañé hasta el último segundo en que te vi. Y aun así me aferraba a la idea de estar contigo, habitando esa inmensidad hecha de todo y de nada.
Ojalá seas feliz y encuentres lo que no supe o no pude darte. Ahora déjame ir. Déjame marchar y no vuelvas la mirada buscando la mía. Yo buscaré tu rostro en las estrellas, en la deriva de las nubes, en el cielo despejado de una noche de marzo y en los recuerdos que se me van extraviando.
No tuvimos la oportunidad de mirar el cielo juntos, ni de ver el sol arder sobre el horizonte, ni de recorrer la vida mano a mano. Hoy vuelvo a estar solo con este corazón atormentado por las sombras de lo que pudo ser.

Mi corazón sigue latiendo, terco, queriendo irse tras de ti. Pero ya es tarde: te marchaste sin pronunciar un adiós. Y cada vez que tus ojos encuentren la Luna en el firmamento acompañada de miles de estrellas, recuerda que fuimos uno por un instante en aquella única noche.
Tus labios encontraron los míos y pude saborear la alegría, pero me dejaron un instante después. Mis manos se deslizaron por la silueta de tu cuerpo, mis ojos contemplaron la forma de tu amor y, en ese preciso momento, te sentí mía. Entraste en mi corazón.
Me dejaste el alma llena de una luz que ahora me quema. Te sentí mía y el universo entero guardó silencio. Entraste en mi corazón para siempre... y por eso mismo...
Vete, por favor.
Maldición... Me dolió.
ResponderBorrarCreo que no solo a vos.
Borrar